Cuando todos quieren emprender: ¿crece el espíritu empresarial o la informalidad?
- Lisita Pérez

- 3 ago
- 5 min de lectura
El impuesto retenido a los salarios representó aproximadamente el 12 % de las recaudaciones de la DGII.
Este dato puede parecer una simple estadística tributaria, pero también invita a reflexionar sobre una realidad más profunda: la limitada participación del empleo asalariado formal dentro de la estructura económica y tributaria de la República Dominicana.
Cada día encontramos más personas que desean emprender, trabajar de manera independiente, vender productos por redes sociales, ofrecer servicios profesionales o generar ingresos mediante actividades comerciales propias.
Emprender se ha convertido en una aspiración frecuente y, en muchos casos, en una necesidad.
¿estamos presenciando un verdadero crecimiento del emprendimiento o una expansión de la informalidad?
Más de la mitad de los trabajadores permanece en la informalidad
Durante el tercer trimestre de 2025, la informalidad laboral en la República Dominicana se situó en aproximadamente un 54.6 % de la población ocupada. Esto significa que más de la mitad de las personas que trabajan no tiene acceso a la seguridad social a través de su ocupación.
Aunque durante 2025 se produjo un crecimiento importante del empleo formal, la informalidad continúa siendo uno de los principales desafíos estructurales del mercado laboral dominicano. En términos prácticos, miles de personas generan ingresos sin encontrarse registradas adecuadamente ante la Tesorería de la Seguridad Social, la DGII o las demás instituciones correspondientes.
Dentro de este grupo encontramos trabajadores independientes, pequeños comerciantes, técnicos, vendedores digitales, profesionales que ofrecen servicios por cuenta propia y personas que desarrollan actividades económicas desde sus hogares.
No todos se consideran empresarios. Sin embargo, desde el momento en que una persona compra, produce, vende o presta servicios de manera habitual para generar beneficios, ya está desarrollando una actividad económica que necesita organización.
Emprender por oportunidad no es lo mismo que emprender por necesidad
Existe una diferencia importante entre quien inicia un negocio porque identificó una oportunidad de mercado y quien comienza a vender productos o servicios porque perdió su empleo, necesita completar sus ingresos o no encuentra una oportunidad laboral adecuada.
El primer caso suele estar acompañado de planificación, inversión, análisis de mercado y objetivos de crecimiento.
El segundo comienza, con frecuencia, de manera improvisada:
sin presupuesto;
sin capital de trabajo claramente definido;
sin separación entre las finanzas personales y las del negocio;
sin registro de ingresos y gastos;
sin cálculo correcto de costos;
sin inscripción tributaria;
y sin protección de seguridad social.
Ambas iniciativas pueden convertirse en negocios exitosos. La diferencia estará en la capacidad de organizarse y superar la etapa de supervivencia.
El problema no es que las personas quieran emprender. Por el contrario, el emprendimiento puede impulsar la innovación, generar empleos y dinamizar la economía. El verdadero problema surge cuando la actividad permanece indefinidamente en la informalidad.
La informalidad parece sencilla, pero tiene un costo
Para muchos emprendedores, formalizarse se percibe como una carga adicional. Existe el temor de tener que pagar impuestos, contratar empleados formalmente, emitir comprobantes fiscales o llevar registros contables.
Por eso, algunas personas prefieren mantenerse fuera del sistema.
Sin embargo, la informalidad también tiene costos que normalmente no se identifican al inicio:
limita el acceso al crédito empresarial;
dificulta participar como proveedor de empresas formales;
impide demostrar adecuadamente los ingresos;
reduce las posibilidades de atraer inversionistas;
expone al negocio a sanciones tributarias;
limita la protección social del propietario y de sus trabajadores;
y dificulta conocer si la actividad realmente produce beneficios.
Las empresas informales también suelen enfrentar mayores obstáculos para acceder a financiamiento, programas de apoyo y oportunidades de crecimiento. Esta limitación no solamente afecta al propietario; también reduce la productividad y el desarrollo económico del país.
Vender mucho no significa tener un negocio rentable
Uno de los errores más comunes entre quienes comienzan a emprender es confundir el dinero recibido con ganancias.
Una persona puede vender RD$200,000 durante el mes y, aun así, no saber cuánto ganó realmente.
Para determinar el beneficio debe considerar, entre otros elementos:
el costo de los productos vendidos;
el transporte;
los empaques;
las comisiones;
la publicidad;
los servicios utilizados;
los impuestos;
las devoluciones;
y el valor de su propio trabajo.
Cuando estos elementos no se registran, el emprendedor utiliza el dinero del negocio para pagar gastos personales, compra mercancía sin planificación y termina descapitalizándose.
En muchos casos, el negocio no desaparece porque no tenga clientes, sino porque nunca se estableció un sistema adecuado de control financiero.
El reto no es solamente formalizar; es preparar para la formalización
No basta con recomendarle a una persona que se registre ante la DGII o constituya una compañía.
Antes de formalizarse, el emprendedor debe comprender cómo manejar su actividad.
Una formalización realizada sin educación financiera puede convertir las obligaciones fiscales en una fuente de estrés. En cambio, cuando el negocio se organiza previamente, el cumplimiento tributario pasa a formar parte natural de su administración.
Una base tributaria concentrada también representa un riesgo
Cuando una parte importante de la población trabaja o genera ingresos fuera de la formalidad, la recaudación termina descansando sobre un grupo reducido de asalariados, empresas y contribuyentes organizados.
El impuesto sobre la renta de los asalariados se retiene directamente a través de la nómina y se presenta mediante el formulario IR-3. Por esta razón, el trabajador formal se encuentra dentro de uno de los segmentos más fácilmente identificables y fiscalizables del sistema tributario.
Mientras tanto, una gran cantidad de actividades económicas puede permanecer parcial o totalmente fuera de los registros.
Esto provoca una desigualdad evidente: quienes están formalizados cumplen regularmente, mientras otros participan de la economía sin aportar en la misma proporción ni garantizar protección social para ellos o sus trabajadores.
Ampliar la base tributaria no debería significar perseguir indiscriminadamente al pequeño emprendedor. Debe implicar la creación de mecanismos sencillos, graduales y comprensibles que faciliten su incorporación al sistema.
El país necesita emprendedores, pero también empresas sostenibles
La República Dominicana necesita personas con iniciativa, creatividad y deseos de crecer. Necesita más emprendimientos, pero no negocios improvisados que dependan únicamente del esfuerzo diario de su propietario.
Un verdadero ecosistema emprendedor debe ayudar a transformar:
vendedores informales en comerciantes organizados;
trabajadores independientes en prestadores de servicios estructurados;
actividades de subsistencia en negocios rentables;
y pequeños negocios en futuras fuentes de empleo formal.
Para lograrlo, se requiere educación financiera, acompañamiento contable, acceso a tecnología, financiamiento adecuado y procesos de formalización menos complejos.
Emprender debe ser una decisión, no una salida desesperada
El aumento de personas interesadas en emprender puede ser una señal positiva de independencia y dinamismo económico. Pero también puede reflejar salarios insuficientes, dificultad para encontrar empleos de calidad y una creciente necesidad de generar ingresos adicionales.
Por eso, no debemos medir el desarrollo emprendedor únicamente por la cantidad de personas que venden productos o prestan servicios.
Debemos preguntarnos:
¿Cuántos de esos emprendimientos llevan registros?¿Cuántos conocen sus costos? ¿Cuántos generan beneficios reales?¿Cuántos pueden pagar seguridad social?¿Cuántos estarán operando dentro de tres o cinco años?
El reto del país no consiste simplemente en conseguir que más personas emprendan.
Consiste en lograr que esos emprendimientos se conviertan en negocios organizados, rentables, formales y sostenibles.
Porque cuando emprender significa únicamente buscar una forma de sobrevivir, no necesariamente estamos desarrollando un tejido empresarial más fuerte.
Pero cuando el emprendedor aprende a planificar, controlar, cumplir y crecer, deja de formar parte de la informalidad y comienza a construir una verdadera empresa.





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